Eternamente dormida

miércoles, 14 de enero de 2009

Esta poesia se la dedico a mi tia
que ya no está con nosotros
y la echamos mucho de menos


Cual un ave herida, débil y agonizante,
estabas aquel día.
Dios te llamaba en ese instante,
Entonces… supe que te perdía.

¡No podía creerlo!, no estaba
preparada,
¡Todo me parecía cruel, despiadado,
injusto!

Sentí… que no podía hacer nada,
Percibir la muerte, me llevó un gran
disgusto.

Sabiéndote tranquila y en paz con
Dios,
trataron muchos, inútilmente
calmarme,
Sin embargo, tu dulce y armoniosa voz,
¡Nunca!, ¡nunca volvería a llamarme!

A tu último paseo, no podía
acompañarte.
Era demasiado tarde, era… nuestra
despedida.
El final se presentaba de repente, y en
ese instante,
me acerqué, te sentí fría al besarte,
¡Eternamente dormida!

Recordé nuestros paseos, añoré los buenos ratos
emociones y tristezas, que pasé en tu compañía,
El encanto de tu risa, la energía de tus ojos
Tu dulzura y fortaleza, tu dedicación y alegría.

Recordé las muchas veces, que sin temor
con angustia, desesperación y dolor,
acudí a tus brazos, en busca de ese consuelo,
en busca de ese valor en busca de ese consejo,
en busca de tu amor.

Y al saber que tu consuelo, siempre llegaría
Y al saber que tu consejo me ayudaría a vencer
Y al saberte a mi lado llena de algarabía
Todo se resolvía, todo volvía a florecer.

Nada puedo hacer hoy día
Solamente recordarte, con nostalgia,
Con dolor, con un poco de ironía.
A ti... mi gran amiga.

Solo… amar tu recuerdo toda mi vida,
y tristemente llorar, cuando por nostalgia
traigo a mi mente tu imagen de aquel día…
¡Eternamente dormida!